Los orígenes aparecen un poco confusos. Sus yacimientos mineros hacen pensar que los fenicios y cartagineses fueron los primeros en asentarse.
Bajando el río nos encontramos con restos de una fundición y una herrería que dieron fama a Bacares a principio de siglo. Por lo demás, desde Bacares se suministraba de armas y herramientas a todo el Al-Andalus, se proporcionó más tarde los herrajes a la catedral de Almería y los de muchos edificios nobles.
Sus gentes, debido a su aislamiento entre las sierras, se organizaban en grupos de arrieros que transportaban los productos de la tierra. Estos productos eran astiles, herramientas de ferretería y seda. Traían para moler en sus molinos trigo, centeno y cebada, además de aceite y vino. Muchas familias también se dedicaban al pastoreo trashumante, en invierno, cuando las montañas se cubrían de nieve, se iban a la solana que da al mar y en primavera volvían a los pastos de sus montañas.
Se sabe que hace siglos sus montañas tenían bosques de pinos y encinas que con el transcurrir del tiempo han sido talados para la construcción de barcos y las fundiciones mineras, entre otros.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX Bacares llegó a albergar a más de cinco mil habitantes, entre cortijadas y aldeas, debido a la fiebre minera. Al parar la actividad de las minas, en los años setenta gran parte de su población emigró en busca de nuevas oportunidades.