Villa situada al Norte de la Sierra Cabrera, junto al río Aguas.
Topónimo de origen latino, de Turris que significa "torre", por la
torre vigía que colocaron, en el actual emplazamiento de Turre,
los musulmanes de Mojácar en la etapa nazarí para proteger a
los campesinos de los continuos ataques de los cristianos de Lorca.
De la época prehistórica se encuentran numerosos asentamientos
del Neolítico, de la Edad del Cobre y yacimientos argáricos. En
etapas posteriores se han encontrado restos de los celtas y de los
iberos y romanos en Cádima.
El periodo de Al-Andalus se inicia con un enfrentamiento de las
comunidades mozárabes que habitaban en la zona de Sierra Cabrera.
Entre los siglos X al XII con la salida y expulsión de los
mozárabes, sus asentamientos son abandonados y se forma una
alquería en el antiguo asentamiento ibero-romano de Cádima. En
el periodo nazarí, a partir del siglo XIII se formarán los
poblados de la sierra de Santa Teresa y Cabrera.
Con la conquista cristiana a finales del siglo XV, los Reyes
Católicos en 1488 obligaron a los habitantes de Mojácar que no
quisieron irse a África a asentarse en el interior, lejos de la
costa, este lugar sería la actual Turre donde se formó una
aljama mudéjar. En el año 1501 se convierten al cristianismo los
mudéjares de Turre. El intento de huida de un buen número de
moriscos a África provocaría su reducción a la esclavitud.
Otros intentos de los poblados de Santa Teresa y Cabrera
tendrían éxito.
Con la Guerra de las Alpujarras (1568-1570), los moriscos de Turre
fueron llevados al señorío del Marqués del Carpio en Córdoba
al terminar la contienda; Turre, Santa Teresa y Cabrera
quedarían despobladas. La repoblación se llevó a cabo en el
año 1573 con 43 familias procedentes, en su mayoría, de Murcia.
Los poblados de Santa Teresa y Cabrera no pudieron ser repoblados
hasta principios del siglo XVIII. Ante el peligro que representaba
el ataque de los piratas a los pobladores de Turre se les aconsejó
que se instalaran en Mojácar para su mejor defensa. En el 1596 se
les permitió volver a Turre.
En el 1838, Vera perdió sus territorios de Sierra Cabrera en favor
de Turre. Esto traería consigo la explotación de los
yacimientos mineros de hierro y plomo de esta sierra. Además,
Turre se beneficiaría, por su cercanía, de las explotaciones
mineras de Bédar y de las fundiciones de Garrucha.
El siglo XX se caracterizará por una continua pérdida de
población, sobretodo a partir de la Guerra Civil. En los años
ochenta se inicia una lenta recuperación por las posibilidades que
ofrece la oferta turística de Mojácar en su doble vertiente de
la construcción y la hostelería, y de la propia Turre.