GAUCÍN
Gaucín, primer pueblo de la Serranía de Ronda que encontramos
en la carretera que une el Campo de Gibraltar con la Ciudad del
Tajo, tiene todo el encanto de los pueblos blancos que a partir de
aquí se encajan en las laderas de las montañas que acogen al
río Genal; sus calles, de trazado morisco, se adaptan con
facilidad a la colina que lo asienta y la gracia blanca de sus
casas se adorna sin recato de rejas y balcones, obra experta de los
artesanos de la fragua y la forja.
En la cima del casco urbano y como naturalmente ajustado a la roca
se levanta el muchas veces centenario castillo de El Águila, y
nunca mejor dicho porque desde aquí, a vista de águila, se
divisa en la lejanía la costa africana, Gibraltar, el río
Genal y el campo abierto del último descenso del río Genal a su
encuentro con el Guadiaro.
Parada necesaria de todo viajero que se precie, no es de extrañar
que imprimiera en la retina de muchos una imagen inolvidable.
Autores como Richard Ford, Francis Carter o Gerald Brenan quisieron
dejar ilustrado con detalle su encuentro con Gaucín. A ello
debió contribuir también el carácter afable y abierto de su
gente: nobles, leales y hospitalarios como reza el escudo de armas
de la Villa.
Aunque de origen romano, será en la época musulmana cuando
adquiera verdadera importancia.
La población crecería al amparo de un alcázar construido por
los árabes sobre un antiguo castrum romano. Este castillo, hoy
llamado del Águila y casi reducido a ruina, emplazado en una
agreste cresta dará nombre al pueblo: "Sair Guazan", que significa
roca fuerte. Su estratégico emplazamiento lo convertiría en un
recinto inexpugnable, siendo una de las plazas de más difícil
conquista en las luchas entre cristianos y musulmanes. Según
relatan las crónicas, en el intento de asalto a esta singular
fortaleza perdió la vida, en 1039, Alfonso Pérez de Guzmán,
llamado por los cristianos Guzmán el Bueno.
Fue conquistada por los ejércitos de los Reyes Católicos en 1485.
Al poco tiempo, los moriscos sometidos organizaron una serie de
revueltas que fueron duramente sofocadas por el Marqués de Cádiz
y el Conde de Cifuentes; a ello seguiría la definitiva
expulsión de los moriscos, quedando el territorio, como tantos
otros lugares de la Serranía de Ronda, prácticamente
despoblado. Ya a finales del siglo XVI, se inicia un proceso de
crecimiento demográfico con la llegada de familias integradas por
"cristianos viejos".
Su carácter estratégico y la dificultad que el propio medio
natural impone al asalto, se haría notar nuevamente en los
siglos XVI y XVII, dando protección a los habitantes de su entorno
en los frecuentes ataques de los piratas berberiscos.
Otro episodio notable en la crónica histórica de Gaucín tiene
lugar en la Guerra de la Independencia, cuando se convierte,
gracias al apoyo que le prestaban los ingleses desde Gibraltar, en
un importante foco de resistencia frente a las tropas
napoleónicas, que responderían con dureza en 1810 arrasando el
pueblo.
Ya entrado el siglo XIX y durante el XX, el municipio de Gaucín
viviría una época de prosperidad propiciada por ser una puerta
natural en la vía de comunicación entre la costa, el tramo
litoral que comprende desde Estepona a Algeciras, y la Serranía
de Ronda, beneficiándose del intercambio comercial entre estos dos
espacios.
Personajes destacados
D. Francisco Cañamaque Jiménez (1851-1891), periodista y
político, fue Diputado a Cortes en diversas ocasiones y
subsecretario de la presidencia con Sagasta.
D. Francisco Serrato Gavilán (1869-1936), funcionario de hacienda
y secretario particular de D. Antonio Maura.
Gazpacho fresco. Gazpacho caliente. Gazpacho majado. Migas. Platos
tradicionales de matanza. Tagarninas, collejas, potaje de garbanzos
con acelgas y cazuela de conejo.
Roscos blancos de Gaucín. Suspiros. Rosquillos de almendra.
Bizcochos y alfajores.
En Gaucín al igual que en el resto de los pueblos del Valle del
Genal, la gastronomía tiene su fundamento en una larga
tradición que ha sabido combinar los productos del terreno con la
dieta alimentaria en función de la estacionalidad; así,
encontramos el gazpacho caliente, más propio de los meses
fríos, al igual que las migas, o el gazpacho fresco, que se
consume generalmente en verano. La primavera es el tiempo de los
guisos con hierbas silvestres como tagarninas, hinojos, collejas o
espárragos trigueros.
Durante todo el año se pueden degustar las ollas serranas y los
diversos potajes de garbanzos, y, entre las carnes, los guisos de
conejo y la amplia variedad de platos y embutidos procedentes del
cerdo.
Un apartado especial merecen los productos de la huerta, el Valle
del Genal nutre a sus pueblos de gran variedad de verduras,
hortalizas y frutas frescas.
Todo se vertebra en torno a dos alimentos esenciales: el aceite de
oliva y el pan horneado con leña.
La repostería guarda en buena medida el recuerdo de la
tradición morisca, siendo característicos la harina de trigo,
el azúcar y el aceite de oliva combinados en perfecta armonía y
aromatizados con canela, matalahúva o matalahúga y ajonjolí, y
acompañados en ocasiones de almendras y nueces.