JIMERA DE LÍBAR
En las estribaciones de la sierra de Líbar, y en el estrecho
corredor que forma ésta con la sierra del Oreganal por donde
discurren el río Guadiaro, la carretera que une Ronda con Cortes
de la Frontera y la línea de ferrocarril Ronda-Cádiz, se ubica
Jimera de Líbar, cuyo casco urbano se encuentra dividido en dos
núcleos diferenciados aunque próximos entre sí: el pueblo, que
se alza en la ladera del monte, y el barrio de la Estación, a
orillas del Guadiaro.
Aunque los documentos existentes en el archivo municipal, hablan de
su existencia a partir del siglo XVII, se han encontrado
importantes restos arqueológicos que datan de la época del bronce
y, en el lugar denominado El Tesoro -a unos 4 kilómetros del
pueblo-, de la colonización de los fenicios.
El único vestigio árabe que nos queda es la torre de la iglesia
que antiguamente formaría parte del alminar de la mezquita; en
aquella época la villa se llamaba Inz Almaraz. Denominación que
se cambió por la de Ximera de Libar después de la conquista
cristiana.
Jimera de Líbar es cabeza de un marquesado creado por Carlos II
en 1684.
Otro suceso que anota la historia de esta villa tiene lugar en
1810, durante la Guerra de la Independencia, cuando el guerrillero
José de Aguilar, al mando de unos 250 hombres de Montejaque,
Jimera de Líbar, Cortes de la Frontera, Benaoján y Atajate se
enfrentaron y derrotaron, en el puente del río Gaduares, a 600
soldados y 90 jinetes franceses.
Chacinas. Sopas de vinagre. Tortillas de tagarninas o espárragos
trigueros. Cocidos. Migas. "Malcocinao".
Miel de romero sobre hojuelas. Roscos de vino. Roscones. Huevos
"nevaos". Suspiros. Magdalenas.
Zarzaparrilla. Mistela.
En Jimera de Líbar, igual que en el resto de la comarca, la
cocina viene determinada, en primer lugar, por los productos del
terreno: carnes (de granja o caza), verduras, aceite, harina y
vino; en segundo lugar, las estaciones del año condicionan las
costumbres en el comer, no sólo por el clima, sino porque añaden
platos propios de temporada, como las setas en otoño o las hierbas
silvestres (tagarninas, hinojos, espárragos trigueros y collejas),
en primavera. A eso hay que añadir las variantes propias de cada
municipio y de las fiestas señaladas, en las que se suelen
elaborar platos o dulces propios del momento.