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Desde el Domingo de Ramos, hasta el de Resurrección, las cofradías hacen estación de penitencia.
Entre el fragor de las bandas de cornetas y tambores, que atruenan la noche iluminada por las tenues luces de los cirios y las velas, la expectación se une al recato de la Semana Santa Cordobesa.
Aromas de cera quemada fundidos con incienso, azahares tempranos, con el inocente ir y venir de la chiquillería para coger cera fundida de la misma base de la llama,… las llamadas con el tintillineante sonar de la campanilla de capataz, el golpe seco y el grito que rompe los silencios: "Arriba con ella!", al recogimiento o el silencio respetuoso de otros creyentes.
La saeta recorre la noche, se detiene la Virgen o el Cristo y los tambores amainan su redoble hasta convertirlo en compás de acompañamiento.
Momento de interés

Nada está predefinido, tan sólo el recorrido de las cofradías, pero los silencios, la música, la saeta, el caminar tintillineante de los pasos parecen hechos a un ritmo no escrito ni ensayado que acompasa el largo recorrido procesional.
Las proezas de los costaleros que, de rodillas, agazapados, en pie, ajustan el paso a la puerta del templo. Si bello es presenciarlo a la salida, inenarrable son las entradas después de largas horas de portar la pesada carga.
Y en la provincia

En la provincia de Córdoba, cobran especial mención la Semana Santa de los municipios de Aguilar de la Frontera, Bujalance, Cabra, Castro del Río, Hinojosa del Duque, Lucena, Montoro, Moriles, Pozoblanco, Priego de Córdoba, Baena y Puente Genil.
Todas ellas catalogadas como Fiestas de Interés Turístico, lo que da una idea de su mérito y belleza.


