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En la provincia de
Cádiz existe una clara distinción entre artesanías tradicionales y renovadas. Estas últimas han procedido a una rigurosa transformación en producción, utillaje y distribución.
Este planteamiento es patente en el sector del cuero. La gran ciudad de la marroquinería es Ubrique donde se elaboran artículos para primeras firmas mundiales especializadas en complementos personales. Prado del Rey también ha experimentado un desarrollo similar.
La guarnicionería sigue siendo una de las principales identificaciones de la artesanía de Cádiz. Destacan Jerez de la Frontera, Alcalá de los Gazules y Villamartín. Se trabaja tanto la guarnicionería de silla como la de coches de caballo.
La riqueza vinícola de Jerez, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María determinó además de la fabricación de toneles.
Se desarrolló la ebanistería del tradicional mueble inglés en Sanlúcar de Barrameda y San Fernando. Los muebles se realizan en caoba con procedimientos manuales en el ensamblaje, tallado y decoración.
Otras localidades se han caracterizado por sus trabajos de sillería: Prado del Rey, donde realizan el esqueletaje de la silla en haya y el asiento con fibra vegetal; El Bosque, donde se trabaja con maderas de pino, haya y eucalipto o Benamahoma.
En Cádiz se conservan todavía un buen número de fraguas dedicadas a la forja artesanal del hierro. El núcleo principal es Arcos de la Frontera, con un total de 5 talleres, también destacan Cádiz, Chiclana, Olvera y Sanlúcar de Barrameda.
Otras artesanías de relevancia son la tejeduría de mantas de Grazalema y la muñequería elaborada en Chiclana.