Málaga

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Málaga, llamada la bella, se ubica en el centro de la hoya de su nombre, en el espacio comprendido entre los montes, el rí­o Guadalhorce y la franja costera que lleva a la Axarquí­a.

Su privilegiada situación geográfica ha atraí­do desde siempre viajeros, comerciantes, pobladores, guerreros..., que han ido dejando su impronta en esta ciudad ahora cosmopolita, universal, abierta, relajada y hospitalaria.

Son tantos los puntos de interés que no cabe más que una enumeración: Por oriente la barriada de El Palo, con sus casas tí­picas de pescadores, sus calitas, sus paseos y su "pescaí­to", desemboca en el Paseo Marí­timo con sus playas, La Malagueta, La Farola (convertido en sí­mbolo de la ciudad) y el Espigón del Puerto, desde el que se contempla una preciosa panorámica de la ciudad. Hacia el centro, el Parque, que contiene especies botánicas de todo el mundo, adaptadas aquí­ gracias a la benignidad de su clima, nos lleva a la Málaga antigua: La Catedral, imponente; el Castillo de Gibralfaro, nazarí­; La Alcazaba, felizmente recuperada para su disfrute; y el Teatro Romano, prueba de lo que fue esta ciudad en esta época. Más arriba, la Plaza de la Merced, en una de cuyas casas nació el genial Picasso. Todo ello salpicado de numerosas iglesias de interés: la de San Juan, la de Santiago, Santo Domingo, los Santos Mártires; el Convento de San Agustí­n y el Palacio Episcopal; y edificios civiles como el Palacio de los Condes de Buenavista y la Casa del Consulado.

Un paseo por sus calles nos evoca su espectacular Semana Santa y su grandiosa Feria.

Al oeste y al norte la Málaga moderna, producto del crecimiento urbano de los años sesenta, las playas de la Misericordia que llevan hasta la desembocadura del Guadalhorce, zona protegida y refugio de miles de aves migratorias.

En los alrededores, jardines románticos como la Cónsula o el Retiro en la Barriada de Churriana, y hacia el norte la Finca de la Concepción o la Hacienda de San José, muestras de un pasado de esplendor económico.

Dominando todo este conjunto los Montes de Málaga, Parque Natural de gran belleza y lugar ideal para disfrutar de sus encantos.

En suma, un conjunto al que hay que añadir otras muchas ofertas turí­sticas, campos de golf, deportes náuticos y otros atractivos difí­cilmente medibles como la luz, el clima, la gastronomí­a y la gracia.

Historia

Estrabón, en el siglo I a. C., cita la ciudad fenicia que se asentaba al pie del cerro donde hoy se encuentra la Alcazaba.

La Málaga romana conocería una época de gran esplendor, como muestran su Teatro Romano y otros restos arqueológicos de relieve, así como su estatuto de ciudad confederada regida por leyes propias: la Lex Flavia Malacitana.

Un largo período de decadencia se produce tras la caída del Imperio de Roma. En el año 571 la Ciudad se encuentra sometida al dominio del rey visigodo Leovigildo.

En el año 711, Tarik, lugarteniente del gobernador del norte de Ifriquiya (África) Muza ben Nusayr, cruza el Estrecho de Gibraltar (Yebel-Tarik) al mando de cerca de 10.000 hombres e inicia la conquista de toda la Península -lo que conseguiría en sólo cinco años-, más convenciendo por la razón de un nuevo credo y un estilo de vida renovador que venciendo por la fuerza de las armas. En ese mismo año Málaga se hace musulmana y abre un nuevo periodo de su historia que durará ocho siglos. En su ámbito territorial se asentaron yemeníes, beréberes, árabes del sur, muladíes (hispanogodos convertidos a la nueva religión), mozárabes (cristianos que seguían conservando y practicando su religión) y judíos. En los tres primeros siglos de dominio musulmán, la Ciudad vio aumentar rápidamente su población al socaire de un impulso económico notable, una época próspera basada en el comercio y el intercambio de productos a través de su puerto.

En el siglo X Málaga contaba ya con 15.000 habitantes. Tras la caída del Califato de Córdoba, Málaga se convirtió en capital de la Taifa de los Hammudíes, reino que llegaba hasta Algeciras. Tras las invasiones de almorávides y almohades, la Ciudad y su distrito pasarían -finales del siglo XIII- a depender del reino nazarí de Granada. Durante ese período fue un lugar floreciente, vivía del comercio de sus productos agrícolas: la caña de azúcar, las almendras, las pasas, los higos, el azafrán y el olivo, y era de reconocida fama su producción de tejidos de seda y elaborada cerámica.

Durante la dominación musulmana se construye el recinto amurallado de la ciudad, que iba desde el mar hasta la Alcazaba subiendo por la orilla izquierda del río Guadalmedina hasta la actual calle Álamos, y de ésta hasta la calle Granada, que recibe precisamente este nombre porque allí se abría en la muralla la puerta del camino hacia esa ciudad; todo el recinto se encontraba protegido por el castillo de Gibralfaro.

Sobre Málaga escribiría el viajero y geógrafo Ibn Batuta (1304-1368):"Es una de la capitales más bellas de Al-Andalus. Reúne las ventajas de las tierras del interior y de las ciudades marineras. Sus higos y almendras, su fina cerámica y porcelana en oro se exportan a los lugares más alejados de Oriente y de Occidente".

En el siglo XIV comienzan los primeros intentos de conquista por las tropas cristianas.

En 1487 se toma la ciudad. A partir de este momento las comunidades religiosas desempeñarían una función importantísima en el crecimiento urbano de Málaga.

El balance general del siglo XVI es de decadencia, no sólo por las consecuencias que trajo consigo el levantamiento de los moriscos y su posterior expulsión, también las epidemias, inundaciones y malas cosechas azotaron la ciudad. Aún así, de este siglo data la construcción de la cabecera de la Iglesia Catedral: el crucero, la girola y la capilla mayor. También en el XVI se produce la primera remodelación urbanística de la ciudad musulmana: se construye una vía ancha que permite el tránsito de carros y mercancías entre la Plaza Mayor (hoy Plaza de la Constitución) y la Puerta del Mar, es la calle Nueva.

En el siglo XVII, la vida de la Ciudad gira en torno al puerto, que tenía dos funciones bien definidas: una militar -siendo el más importante del litoral del Reino de Granada-, y otra mercantil -el puerto de Málaga gozaba de una situación de privilegio en las rutas marítimas del Mediterráneo y el Atlántico-. Al socaire de su actividad portuaria nace en Málaga una incipiente industria, destacando la fabricación de armamento.

Uno de los problemas más graves de la Málaga del XVII era sin duda la falta de higiene, sus calles eran un vertedero de aguas fecales y basuras, foco de enfermedades y epidemias, siendo probablemente la más terrible de todas ellas la peste de 1637.

En el siglo XVIII, el puerto, germen de la actividad económica de la Ciudad, pasa a ocupar uno de los primeros puestos en la costa mediterránea andaluza. Su actividad se basa en la importación de trigo y la exportación de vinos y pasas. Tras el decreto de libertad de comercio con América en 1778 se acentúa el tránsito comercial portuario, lo que trae consigo un aumento considerable de la población.

El crecimiento de la ciudad se hace notar en remodelaciones urbanísticas acordes con las ideas ilustradas de la época; de 1783 data el proyecto de construcción del Paseo de la Alameda. También de finales de este siglo es la edificación de la Aduana, junto a los muelles del puerto malagueño.

El siglo XIX viene marcado por una generalizada crisis política, económica y social. Los estragos de la Guerra de la Independencia, el permanente conflicto entre absolutistas y liberales -en el que Málaga sería escenario del fusilamiento del general Torrijos-, el cierre del comercio marítimo con América, el hundimiento de la industria malagueña y, en el último cuarto de siglo la propagación por la Axarquía y los Montes de Málaga de la terrible plaga de la filoxera, escriben un capítulo negro en nuestra historia reciente.

El siglo XX arranca en la ciudad de Málaga con expectativas de progreso que se van a ver truncadas en pocos años. En la primera década se remodela el casco antiguo, la calle Larios, trazada a finales del siglo XIX, va a ser el eje central del núcleo urbano y punto de encuentro de la sociedad malagueña; de esta época data también el Paseo del Parque, construido sobre terrenos ganados al mar. La crisis política, económica y social que atenaza Andalucía en el primer tercio del siglo, reviste en Málaga tintes más trágicos cuando se convierte en el lugar de arribada de los heridos de la Guerra de África. La Guerra Civil tiene en la capital malagueña dos períodos diferenciados, un primer momento de continuidad republicana (julio de 1936 a febrero de 1937) y otro (febrero de 1937 a julio de 1939) de dominio de las tropas llamadas nacionales.

En la segunda mitad del siglo -sobre todo a partir de la década de los sesenta, y coincidiendo con la apertura al mundo occidental del régimen de Franco- la ciudad, gracias al desarrollo turístico (Málaga, Capital de la Costa del Sol), va a sufrir un rápido aumento de población y paralelamente un desordenado crecimiento urbano; de los años sesenta es la desaparición de gran parte de los barrios históricos de El Perchel -anteriormente los Percheles- y La Trinidad, y el trazado sobre el lugar que éstos ocupaban de un nuevo eje urbano: la Avenida de Andalucía. En años sucesivos el crecimiento poblacional se hará notar día a día con más fuerza, llegando a ser Málaga la ciudad de mayor número de habitantes de toda Andalucía hasta que, en septiembre de 1988, Torremolinos deja de ser un barrio de Málaga para convertirse en municipio independiente.

Personajes destacados

Pablo Ruiz Picasso.
Cánovas del Castillo.
Arturo Reyes.
Manuel Altolaguirre.
Emilio Prados.
Rafael Flores Nieto, "El Piyayo".
Rosario Pino.
Pepa Flores, "Marisol".
Málaga
Zona turística
Altitud sobre el nivel del mar (m)
11
Extensión (Km2)
395
N° de Habitantes
566447
Gentilicio
Malagueños o Malacitanos
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